
Una misma acción en lugares distintos, ¿es siempre la misma?
Un hacer condensado, concentración del gesto que afirma las formas.
Las miradas ajenas rondando el espacio.
El pulso, el ritmo.
Prótesis de metal que inmovilizan partes del cuerpo
doradas algunas, con tornillos, articuladas otras.
La tribuna se vuelve una sala de espera, hospital de la existencia,
cirugía artesanal. Un desfile donde los pacientes
se sientan a esperar y observar las nuevas tendencias.
Eugenia nos propone con esta acción participar del devenir de un hacer lúdico que cosquillea y reorganiza en la sala de máquinas las fronteras del arte, la artesanía, la moda y la propia joyería contemporánea.
En la suspensión y el silenciamiento del cuerpo organizado,
¿qué fantasmas recorrerán los pasillos, qué gritos mudos se vuelven audibles?
Lucas Pinto Dos Santos.
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Memento Mori de Eugenia Pérez Carrera en el CePIA FA-UNC.
Córdoba, Argentina
Junio 2025.
Cuando la Noche llega y despliega su Inmensidad, aparece la Gran Ofrenda: Incontables Destellos Palpitantes suspendidos en la Profundidad Absoluta. Contemplarlos es abrir un Sendero al Misterio. Los Pueblos Ancestrales dialogan en el Lenguaje de las Estrellas para Develar Historias sobre El Origen y encontrar Guía en el Peregrinar de la Existencia. Con una Visión igualmente arraigada en la Comprensión Profunda de la Singularidad del UNO, Allinin convoca al Punto como Elemento Primordial y Fundamental para su Proceso Creativo - del Destello de Luz al Punto de Tinta -.
En Momentos de Refugio y Arraigo Interior se entrega a la Noble Labor de disponer un Punto tras otro. Sostenido en la Fe que lo asiste, despliega sobre Papeles y Tiempo, Atmósferas que se vuelven Espacios Palpables, Masas de Diferentes Densidades conformando Lugares Reconocibles, Cuerpos, definiendo Rasgos y Situaciones tan Variados como los Seres que allí se manifiestan. Cientos de Miles de Puntos de Tinta cuidadosamente ordenados para Atesorar las Memorias Trascendentes: esos Instantes, Presencias y Motivos considerados por el Artista-Autor como un Antes y un Después. Nacidas en Hierofanías, son Registros Sostenidos en Clave de Poesía y Símbolo , donde es posible Cohabitar con estas Manifestaciones de lo Sagrado. Desde una Pasión reflejada en su Espíritu de Aventura y acompañado del Canto y la Música, nos presenta Todo un Cosmos de Arquetipos y Motivos Elementales que son Ofrendados a una Entidad Universal. Allinin cumple con la Promesa y el Conjunto de los Cincuenta y Seis Dibujos es presentado en su Totalidad por Primera Vez. Este es el Encuentro con la Carta Completa de Presentación, con su Primer Cuerpo de Obra, con las Bases donde se asienta y al mismo Tiempo es realizada toda una Iniciación. Abreaguas de la Creencia son Principios de Inspiración, Prácticas, Recuerdos y Aprendizajes. Conformando Constelaciones, Nidos Celestiales, en el Espacio que las resguarda, atesoran los Secretos de una Mitología Personal.
Las Abreaguas, como una Flora en Crecimiento, nacen de 3 Fuentes: los Nutrientes, las Absorciones, y la Savia. Formas Alegóricas de Comprender y Ordenar Aquello que Alimenta y Sustenta su Universo y Poder Creador. Las Tres crecen tejiendo un Solo Cuerpo Expandido en su Propia Lógica y Manerade Manifestar. Singulares pero Interconectadas, Crean una Misma Obra en Expansión. Hay Momentos donde es posible percibir lo denominado Entidad de la Visita, que algunas veces se Personifica y otras queda siendo tan solo un Fenómeno que hace Alusión a la Experiencia de Vivenciar el Cotidiano con Elementos o Significados que Coinciden con los Propios de la Composición que realiza en ese Momento, recibiendo lo que el Artista-Autor define como un Señalamiento Fantástico.
El momento ha llegado. Las Abreaguas de la Creencia se abren a partir de este Momento a su propio Destino.
Sábado 7 de junio 2025. Galería Argüello & Bouchet, Agua de Oro, Córdoba. Argentina. Coord. 31°04' 06.5" S, 64° 17' 54.2" O.
La imagen está fijada en el sol
Hay tareas que son gestos suaves, que se repiten hasta volverse forma. Cecilia Cordi parte desde su cotidiano y trabaja con lo blando: sábanas, toallas, repasadores. Telas con uso, como si el tiempo se les hubiera asentado en los pliegues. Sentada en su escritorio, toma unos trapos, las acerca y respira ese olor a limpio que viene directo de su casa.
Pienso en esos aromas que van quedando lejos, como el olor al sol. En nuestros recuerdos, con otros colores, otros olores, quizás.
Cecilia afirma que lo cotidiano construye subjetividad y produce sentido. Entonces los colores, la cantidad de hilos, las formas de los tejidos y, sobre todo, ciertas prácticas domésticas, hablan y transmiten distintas formas de habitar este mundo. Ella fija una: la propia, la cercana. El acto más importante en su proceso es asegurarse de que las telas queden detenidas. Como si dijera: "esto merece ser quietud". Dedica una buena porción de su tiempo a probar fórmulas; de hecho, las piezas aquí presentadas están endurecidas con almidón, como un círculo que no se aparta de los materiales y técnicas caseras.
Puedo ver la sonrisa en su rostro al enterarse de la noticia, la muestra se realizará en una casa-taller, un lugar especial para su trabajo. Pero esta no es cualquier casa, perteneció al artista Lino Enea Spilimbergo: la imagen está fijada en el sol, sus pinturas inevitablemente se me revelan como flashes. Spilimbergo manejaba con perspicacia la noción del tiempo, digamos un tiempo que se arrastra con los ojos. Su imaginario está habitado por personajes detenidos, casi escultóricos. Se me viene a la cabeza la pintura de La Planchadora, una imagen simple, sin mucho decorado, el cuerpo ocupa la mayoría de la escena.
Hay una quietud particular que aparece cuando alguien posa; no es inmovilidad, sino una tensión sostenida entre el cuerpo y la mirada de quien observa. Hay artificio y voluntad de imagen. Algo parecido sucede en los repasadores de Ceci: no los fija al azar, preparan una escena, una pose, un gesto. Y lo que más me estremece es que tanto los personajes como estos trapos tienen el don de reconfigurarse. En ambos casos, la quietud no es su esencia, pero alguien decidió detener su mirada en ellos y dejarlos ahí, suspendidos en ese intervalo.
Una Red para sostener el impulso
Me imaginaba una casa tomada por una enredadera.
La capacidad vegetal de transformar energía lumínica en energía vital.
Como en la respiración: inhalamos y exhalamos.
Tan opuestos, tan necesarios. No hay uno sin el otro.
Se hace metáfora y así también circula la energía en una red, eléctrica, vegetal o sensible.
Hay un punto de generación y un punto de consumo, pero lo esencial ocurre en el medio: en el impulso que fluye. Ese flujo -a veces se encuentra, a veces explota, a veces se descarga- genera un ritmo. Un pulso. Un latido.
Si pudiéramos observarlo como un mapa, veríamos una coreografía de tensiones, atracciones, repulsiones. Una red que vibra, respira, crece.
Como una planta, un cuerpo, una instalación viva. Pero también es danza, coreografía, conciencia del cuerpo y su relación con el espacio.
Así se siente la obra de Romy Castiñeira: una red, videos, una pieza sonora que abraza y ocupa el espacio con una energía que interpela, molesta, es poesía que insiste, que respira.
El verde chroma -color asociado al recorte digital- se convierte en símbolo de lo que está presente pero sugiere otra cosa. Lo que falta no es ausencia, es posibilidad. Esa "zona verde" es una latencia activa, donde la materia se transforma y el cuerpo deviene sensor.
Romy toma el espacio, lo señala, lo altera. Habla de su uso cotidiano y de su potencial poético. Su instalación se funde con la arquitectura y con los cuerpos que la habitan. Lo técnico, lo físico y lo sensible se enlazan en una experiencia de percepción expandida.
Romy Castiñeira se hace del sitio para interrogarlo. Señala sus usos, sus tensiones, sus límites. Nos incomoda -y en esa incomodidad- abre la posibilidad de una nueva percepción.
A través de diferentes estados y materiales, se produce un encuentro entre danza y la materia. Se abre una conciencia corporal que se hace forma, vibración y recorrido. El ritmo empieza a habitar el espacio.
Esta instalación de sitio específico no sólo señala la arquitectura: la convierte en interlocutora. Activa el día a día de quienes la habitan, invitando a percibir, apropiarse y traducir el entorno. La obra respira con quien la recorre.
Aquí, la poesía no nace de la palabra sino del cuerpo. De una experiencia física que se convierte en conciencia de movimiento, tensión, resonancia.
Una poética del "sentir desde dentro".
Rayas de montaje
Ayer, ante una presencia inicial de los paneles expuestos en la sala, en plena situación y circunstancia, primera forma y escena, nos sentamos a conversar y dije en voz alta, y en forma de pregunta, si eran dibujos?
Pregunté mordiéndome la lengua y hubiese querido desaparecerme porque hice la pregunta sabiendo lo que (yo) quería responder y me sentí absorbido ante las imágenes de la obra; traducido, trazado, atravesado, en tramos, bajo los ruidos del paso de un tren, tremendo y colosal, el tiempo (llegué a casa y la palabra que no recordaba era restancia) .